No me olvides, porque la noche sigue encima mío. La siento en cada pulgada de mi cuerpo, desde los pies hasta mis pestañas. Es fría, congelada. Me estremezco y agito bajo ella. Es la noche porque me apaga y me adormece (no literalmente), me descuido y ella me muerde. Me arrastra hacia abajo (o hacia arriba) a la oscuridad y a la eternidad, a un lugar desconocido. Me arrastra por los aires y no existe nada más: sólo yo y mis gritos que no logran salir de mi garganta. Están atrapados y me agito. Me revuelvo en los aires mientras Oscuridad me toma por los tobillos y hago un último intento por escapar. No puedo. Me mete dentro y cierra la puerta. Ahora Oscuridad está por todas partes: lo que solía ser una mesa, ahora es Oscuridad. Lo que antes era una televisión, Oscuridad. Mi pared color verde, Oscuridad. Se funde conmigo y me entierra y escarba en mi cuerpo. Oscuridad me posee y no soy capaz de dejarla ir.
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