3.28.2015

Del caos una solución

No me olvides, porque la noche sigue encima mío. La siento en cada pulgada de mi cuerpo, desde los pies hasta mis pestañas. Es fría, congelada. Me estremezco y agito bajo ella. Es la noche porque me apaga y me adormece (no literalmente), me descuido y ella me muerde. Me arrastra hacia abajo (o hacia arriba) a la oscuridad y a la eternidad, a un lugar desconocido. Me arrastra por los aires y no existe nada más: sólo yo y mis gritos que no logran salir de mi garganta. Están atrapados y me agito. Me revuelvo en los aires mientras Oscuridad me toma por los tobillos y hago un último intento por escapar. No puedo. Me mete dentro y cierra la puerta. Ahora Oscuridad está por todas partes: lo que solía ser una mesa, ahora es Oscuridad. Lo que antes era una televisión, Oscuridad. Mi pared color verde, Oscuridad. Se funde conmigo y me entierra y escarba en mi cuerpo. Oscuridad me posee y no soy capaz de dejarla ir. 

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