12.16.2015

Disfuncionalmente funcionales.

Tomar café en esa esquina ya no era lo mismo. Ir al cine de Avenida La Plata y Rivadavia ya no era lo mismo. Incluso cuando llegaba a mi casa de trasnoche por haber salido con mis amigas a un bar no era lo mismo. No porque en algún momento haya dependido de vos (aunque sí), sino porque la rutina siempre fue lo mío y los cambios bruscos me desorientan y descomponen. Los cambios me dan ganas de vomitar, como cuando das un volantazo muy de golpe con el auto y quedas medio varado entre la cordura y un shock inevitable. Y no es que te amara ni te necesitara para respirar (en un momento sí, pero entendí que era más que nada el pensamiento de querer enamorarme que el estar realmente enamorada), pero como ya dije, me acostumbré a vos. A tu forma de hacer las cosas, a tu humor, a tus horarios, tu agenda, a los lugares en los que te moves, a tu grupo de amigos, a tu mamá y a tu perro. Pobre tu perro. O pobre de vos, que lo extraño más a él. 
Quizás estoy equivocada y en algún momento de ceguera parcial llegué a amarte. No ese tipo de amor incondicional por el que uno da la vida, pero sí ese amor sano entre amigos. No serías buen amigo, pero tampoco es que hayas sido buen novio. Igualmente no me estoy quejando, yo tampoco fui buena. 
Y como ninguno de los dos éramos muy buenos ni esperábamos nada del otro, encajabamos a la perfección. Una pareja disfuncionalmente funcional. Todo lo que a las parejas normales les significaría un problema, para nosotros estaba más que bien.
Una pareja disfuncionalmente funcional... quizás la parte disfuncional terminó siendo más grande. Y mi ego y soberbia ayudaron un poco (o quizás fueron tus calzoncillos tirados por toda la casa).
El punto es que no te extraño, pero me enferma que tu ida signifique un cambio. Me enferma tener que mudarme, que comprarme un perro porque extraño al tuyo, que tenga que olvidarme de tus reuniones, que tenga que deshacerme de tus regalos, de tu número de teléfono (nota mental, todavía no lo hice) y de ese peluche de mierda que me diste. Me enerva que tu ida me signifique una secuencia de náuseas y mareos; que, consecuentemente, tu ida me duela de alguna forma. 
---------------------------------------------
Les dejo un texto que escribí el 30 de agosto. Fue hace un tiempo, pero me sigue pareciendo correcto publicarlo. No sé, además no quería dejar abandonada la plataforma en la que estuve escribiendo por casi cuatro años. Besos, y espero que todos estén muy bien. 

No hay comentarios: